Cuanto más pequeños, mejor

El mejor momento para aprender una segunda lengua es la primera infancia (hasta los tres años) porque como se trata de un aprendizaje inconsciente como el de la lengua materna, los niños extraen de la lengua de los adultos la información necesaria para deducir las reglas y los principios de la segunda lengua. Es un proceso natural como pueda ser ponerse de pie y caminar.

Cuando los niños entran en contacto estable y continuo con una segunda lengua desde el nacimiento hasta aproximadamente los tres años, la adquieren de manera simultánea y por lo general alcanzan un nivel de nativo, convirtiéndose en bilingües precoces o en monolingües en dos lenguas. En estos casos los niños desarrollan dos sistemas gramaticales paralelos y por separado, uno para cada lengua, y las etapas de desarrollo que se siguen para cada una son como si se tratase de dos lenguas maternas.

Cuando la adquisición de una segunda lengua comienza después de los tres años, la adquisición tiene lugar de manera sucesiva porque la lengua materna ha alcanzado un determinado grado de desarrollo y ha evolucionado hasta un determinado nivel. En muchos de los casos se puede llegar a conseguir una competencia lingüística de nativos si el contacto con esta segunda lengua es persistente de manera continuada y se convierte en un vehículo de uso y comunicación dentro del contexto familiar. En este sentido, la puesta en práctica del principio 1: 1 "una persona, una lengua", (que obliga en nuestro caso a la cuidadora o niñera a comunicarse siempre en la misma lengua con el niño) contribuye favorablemente al éxito del desarrollo de los dos idiomas.